Hace un año aproximadamente me compré la olla lenta del Lidl, la pequeña, que estaba genial de precio y no quería gastar mucho por si acababa en un armario, ya sabéis que soy poco cocinillas. Un par de meses antes me había mudado. Después de cinco años viviendo en un estudio y tras conseguir ser funcionaria al fin, me fui a un piso en condiciones, lo alquilé sin muebles y me traje los míos y la siento ya mi hogar. Tiene una cocina "de verdad" con bastante encimera y me animé a cocinar más y no tirar de envasados. Volviendo al tema, estoy encantada, de hecho ahora me arrepiento de no haberla comprado de otra marca con temporizador pero lo voy a solucionar con un enchufe de esos programables. He hecho lentejas en invierno (que es para lo que lo compré), castañas asadas, unas papas a lo pobre, un bacalao confitado, un caldo que hice con la carcasa de un pollo asado pero para lo que más la utilizo, que ya es casi tradición, es para pollo, una receta buenísima de Say (su blog "Pan, uvas y queso" es mi recetario de cabecera), pollo en salsa de ajillo, yo le pongo tomillo en vez de perejil pero salvo eso, la sigo al pie de la letra y me sale buenísimo. Ahora mi rutina de los domingos en Granada es levantarme y prepararlo todo y meterlo en la olla lenta. Se va haciendo durante el resto de la mañana mientras yo desayuno y luego me pongo a hacer la limpieza a fondo de la casa, se llena la casa de un olor rico, rico. Y no veáis luego lo que lo disfruto, es mi homenaje semanal.
Voy a probar esa coliflor al curry que tiene pintaza
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